Que nadie se acuerde de ti

Porque con silencios me pagaste 
todo aquello que te di
y con ausencias, 
que escribías en el aire, 
una y otra vez.

Ahora, en la hora en que hemos muerto,
te condeno:
Qué tu espectro vague eterno
por éstos negros senderos,
que nunca halles luminaria,
ni paz, ni descanso, jamás;
que nadie se acuerde de ti,
ni una flor sobre tu tumba,
ni una mísera plegaria...

para siempre, como tú decías,
en ésta y en todas las vidas,
para siempre, mi amor,
solo, triste y olvidado
incluso más allá de la muerte.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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