Amor prohibido, amor eterno

No dejes de tocar ese violín, mi amor,
serenata negra para los que, clandestinos,
ocultamos nuestro extraño latido
en el laberinto infinito de la oscuridad.

Sin corazón y sin alma,
proscritos y escondidos,
atusamos nuestras alas y volamos
más allá de la cima de las montañas
para teñir de rojo el firmamento:
Unir nuestros labios en el enigma sangriento
de un beso prohibido,

Y no claudiques jamás, mi amor,
a la sentencia envenenada de esas tinieblas,
sierpes macabras
que nos condenan a ser renegados
y blasfemar...ante cualquier sospecha de sentimiento.

¡Vida mía! Siniestramente amada,
la eternidad es demasiado larga
y la soledad es la daga,
asesina e imperecedera,
qué, cruel compañera,
se clava cual sombra en nuestra sombra
mientras nos engatusa con su corte de silencios
y su cántico de brumas.

¡Amor mío!
Asesinemos juntos el fantasma de la solitud
y que el silencio sólo se pronuncie
cuando nuestras bocas se unan,
juntos para siempre
en un beso inmortal,
perpetuo y signado
con la sempiterna alianza de nuestra sangre.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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