Ámame, barquero de la muerte

Permitid, luminarias del destino,
que el barquero de la muerte se acerque,
permitid a las tinieblas devorar vuestra luz
para que la oscuridad le guíe hacia mi.

Ven Caronte, 
acude a ésta orilla mía de lacrimoso existir
y bésame,
el hielo de tus labíos negros
en la sal de mis heridas,
bocas de funeral y llanto.

Ven, ámame,
surquemos juntos
éste océano de espectros,
vaguemos, almas en pena,
tu mano sobre mi mano;
ven, sé mi mástil macabro,
yo seré tu lánguida vela,
fúnebres amantes
en un fantasmal barco.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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