Aquí te entierro, aquí te olvido

Allí quedaron los harapos de tus versos,
descosidos, ocres y arrugados
sobre la mesa donde alguna vez
estuvo tu mano...

Aquí un reino de fantasmas,
el espectro de ese silencio
y aquellas mentiras que tus labios
delinearon a la espalda,
bajo tu faz oscura,
donde la sombra de tu risa
era, a fin de cuentas, una mísera falacia.

Allí, en la ventana, el suspiro 
que alguna vez tu boca dejó volar,
ave sin retorno, carroñera y desleal;
no creas que mi boca no sabía,
no intuía de tu musitar embustero
mas ¿Por qué no dejarse besar?
Aún sabiendo que ese gesto era daga...
¿Qué importa ya la puñalada?

Aquí te entierro,
en ésta tumba de piedra y herrumbre,
aquí dejo el ataúd de tu memoria
y la osamenta putrefacta de tu infamia,
aquí...en la fosa de lo que ha muerto,
en el abismo de las cosas marchitas,
en la región perdida de los eternos silencios
confiando en que te devore el tiempo
y tus míseras cenizas se reúnan
con los ajados restos de tus versos.

Aquí, mi último beso,
sobre tu fría lápida,
mi beso pérfido e irónico
sobre el cadáver de tus indignos labios
para que nunca olvides
quien, sobre tu tumba
echó, de tierra, la última palada,
quién, sobre tu tumba
dijo...la última palabra.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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