No hay paz para el vampiro

Me exaspera el caminar del tiempo,
la sed clavándose cual mordaza,
dientes de alimaña en mi garganta,
en cada una de mis venas,
agujas perforando mi paz.

¿Qué no hay sosiego para el vampiro?
Ni siquiera las notas que mis dedos enojados
arrancan al viejo clavicordio,
ni siquiera la maldita sonata...puede templar
la tormenta que galopa desbocada en mi alma.

Y tu mientras, estúpido mortal,
exhalando improperios y quejidos,
súplicas que ultrajan la armonía de mi morada,
¡Ah! Ni el murmullo de los árboles
meciendo sus hojas en los brazos del aire
pueden acallar ese gemir lastimero y vacuo
que tus labios no cesan de pronunciar.

¿Nadie puede dejarme disfrutar el instante?
Que las horas dejen de pasar;
no es tan malo el rugir del hambre
en éstas mis negriáridas entrañas,
al contrario, perfecto el momento
para deleitarme en ti, mi manjar.

¡No dejas de vociferar!
Absurdo tu rumor de plegarias,
el vampiro no es compasivo
ni tiene nunca atisbo de remordimiento,
¡Silencio! Es lo único que pido,
y poder deleitarme en el tenue susurro
de tu sangre antes que mis colmillos
para siempre ¡Te callen!

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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