A la luz de las velas

Me agota la nocturnidad 
con su boca de alimaña,
oscura, profunda, negra
y tan igual a la insufrible fosa
donde me guardo del día,
ambas tumbas,
ambas solitarias,
ambas llenas de silencios forzados
y de años.

Me bostezan los crepúsculos,
uno tras otro
en la punta de mis alas
y se me enervan los colmillos.

Con enojo los vampiros
amamantados de tinieblas
despreciamos la sombra que nos da cobijo
escudriñando luminarias y candelas...

Bajo el tenue calor de las velas
los senderos de la sangre
se vuelven cómodos
y es más sencillo posar nuestra boca
en el leve fulgor
de tu pálida garganta.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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