Ocultos y furtivos: Amor vampírico IV

Sutúrame las heridas de soledad y años,
mi príncipe malvado,
muérdeme y permite que mis marfiles
también sellen la clausura de tu extravío,
que la nocturnidad nos ampare
y la nada y sus tinieblas no sepan...
los vampiros también podemos amarnos.

¡Calla! Qué no nos delaten los pasos
ni el susurrar mucílago de nuestras brunas alas,
que el roce de tu sangre junto a la mía
no sea más que un leve galopar,
un murmullo imperceptible y eterno
en nuestra larga eternidad.

¡Bésame! La oscuridad de tus labios
en el bermellón de los míos,
nuestras venas palpitando al unísono
sesgando el silencio.

Dos sombras amándose...
los demonios de tu oscura alma
danzando secretamente con los míos...

Ocultos y furtivos,
yo, tu dama siniestra,
tu, mi perverso vampiro.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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