¿A qué le tienes miedo?

¿Qué hacemos con el miedo?

¿Qué hacer si la soledad escribe su nombre
a golpe de ausencias y remordimientos
en las rendijas de la pared?

¿Qué? Cuando la noche es silencio
y con su manto negro nos arrulla
con el susurro espantoso de los muertos,
el grito a galope desbocado de cadáveres
que susurran palabras ininteligibles mientras
juraríamos que algo o alguien
está respirando su pútrido aliento
justo en el centro de nuestra espalda.

¿Qué? Si apenas alcanzamos a oír el crujir
de unos pasos que se acercan sigilosos
mientras nos sabemos solos y sin nadie,
abandonados en una oscuridad perpetua,
con el horror soplándonos en la nuca
y recordándonos la triste hora, trágica
en que acaban de sonar las lúgubres campanas
de un reloj que nunca existió.

¿Qué podemos hacer?
Tal vez, mirar de reojo y...
descubrir esas cuencas brunas,
sin ojos, esa tez pálida y osea
donde la carne cuelga putrefacta
y esa boca,
esa mueca que nos sonríe mientras
los gusanos la roen despacio,
esos labios negros de muerte
que mascullan fúnebres melodías
y esos dedos de esqueleto
con su tétrico gesto,
invitándonos a acompañarlo.

Tal vez, cerrar los ojos y pintar en la nada
un lienzo en blanco,
no pensar,
no escuchar.

Tal vez, huir...
o dejarnos morir
o...
tal vez, no nos hemos percatado
que ya estamos muertos.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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