Tu pérfida boca, tu maldito adiós

¿Cómo detener éste febril galopar
de mi corazón marchito?
Mandrágora fracturada,
agujas penetrando tan dentro,
agónicas horas de un tiempo sin escrúpulos,
histriónica carcajada de los minutos
que han marcado la arena de aquél reloj
donde quedó detenido tu adiós.

La tristeza desenvaina su filosa espada
y yo tan sólo puedo recordar
tu pérfida boca,
tus labios llenos de demonios e infiernos
que incendiando tu lengua
mascullaron en leve ademán 
la maldita palabra.

Me dejaste sangrando
con tu gesto impasible.
No pienso extrañarte,
negaré la congoja y el dolor
y confiaré...
en que ha de haber otras vidas
y volverás a buscarme,
será entonces mi boca
la daga que penetre tu corazón infame,
y mi adiós quien marchite tu alma de arpía.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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