No hay piedad para quien nos alimenta

Agoniza la última luz del día...
exhala su último aliento
y la oscuridad nos da la bienvenida,
las tinieblas y su monstruosidad emergen,
la inimaginable incertidumbre de la sangre
y la no vida....
arterias perfilando su infinito contorno
y el silencio
sólo roto por un leve viento que silba.

Remontaremos en una curva única el vuelo,
oscilaremos un instante en el vórtice del abismo
y después...seremos sombras
con la muerte por insignia en nuestros colmillos
y la eternidad como cumbre y cobijo.

Que no tiemble el blanco azahar de tu piel,
no ruegues ni masculles...
ningún rumor de conmiseración,
no hay piedad para quien nos alimenta,
ni paz, ni grandes sueños...
cuando implores que te haga inmortal,
sólo la muerte hablará.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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