Memorias vampíricas III

No comprendes, Cordelia,
en tu opacidad infinita,
en la profundidad de tus tinieblas
es imposible que entiendas...
pero en aquel purgatorio de infiernos
y sentimientos incendiados en vorágine,
aún quedaban rendijas, 
minúsculos huecos
donde podía escurrir mis lágrimas.

Te llamaba, gritaba tu nombre
en la espesura de la noche
y tú jamás respondías,
mi alma rota en pedazos
como un espejo al que los cristales le estallan
y sesgan la carne...y el corazón.

Te evoqué tantas veces,
construí tu siniestra silueta
en mitad de mi maltrecho pensamiento,
tu figura imponente, hermosa, bella, 
evoqué tus cabellos negros,
tus ojos de inacabable profundidad,
tu boca escarlata...
el nácar inagotable
de tu delicada piel blanca...

Agonizaba, mi querida vampira,
moribundo y sin esperanza te invocaba
y nunca, nunca llegabas...

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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