Amor vampírico, amor imposible II

De cuando en cuando la ira se apodera de mi ser,
golpeo la piedra y ni sangrando me detengo
¿Qué supone un ínfimo borbotón sanguinolento
en medio de ésta soledad inacabable?

Y me he acostumbrado a divagar entre tinieblas
a danzar con el silencio perenne y malsonante
de cada nocturnidad infinita y negra...
pero no me acostumbro a extrañarte
cuando te sé compañera de ésta clausura,
lóbrega prisión inmortal que nunca acaba.

Soy consciente, vampira mía, que somos reos
de una eternidad plena de sentimientos yertos...
muerto está nuestro corazón, muerta el alma.
No exite el amor cuando se es un monstruo,
un diablo, un maldito leviatán más pendiente de la sangre
que de cualquier liviano palpitar que nos invoque...

y aunque a veces todo daría por rozar tus alas
con mis alas,
por fusionar nuestros colmillos en un beso perpetuo,
no es posible, mi vampira, no es posible,
las tinieblas rugieron su dictamen cuando nos engendraron,
somos seres de muerte,
muerte es nuestra única consigna
y la luz que tu boca unida a la mía,
aunque fuera sólo un instante,
desprendiera...esa luz no nos está permitida;
la fatiga nocturna está unida a nuestros pasos
y nuestros pasos han de caminar 
siempre en el mismo vórtice de una nada, 
un vacío agotador
donde la soledad será por siempre nuestra única compañía,
la soledad, querida, el silencio y la sangre...
nada más ha de acontecer a un vampiro,
nada que no sea tragedia, horror e infinitud tétrica,
macabra y fúnebre...
no, vampira mía, no existe el amor.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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