Cuando nadie nos escucha

Grito en la sempiterna oscuridad,
mas no habrán de llegar candelas que me iluminen,
las tinieblas me torturan,
soga de ahorcado entre las brumas,
filo de guadaña sesgando mi voz,
puñalada a mi clamor.

Y nadie posará su mano sobre mi tumba,
fosa gélida en infinita penumbra...
vacío, hueco, la nada soterrándome en locura,
deslizándose cual sierpe entre mis aberturas,
rendijas de mi exhausta alma solitaria.

Se me cuela el frío,
amargo, siniestro, desgarrador,
oxidando mi osamenta,
acallando mi último hálito de vida.
Veo mi ser yaciendo en la absoluta negrura,
sometido al infortunio de la macabra figura
de una dama que porta muerte por rúbrica,
pavorosa su sonrisa,
sus neblinosas retinas,
pavoroso el silencio
y la soledad desoladora en esta,
mi tétrica sepultura.

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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