Cuando dijiste adiós

En vaivén me sostengo,
sobre las llagas de una evocación siniestra,
y te observo ... con ese último gesto,
tus dedos de un ínfimo norte a un ínfimo sur
golpeando el aire...
escribiendo en su oscilar lánguido y liviano
esa palabra innombrable.

Luego, recreándome en la tortura
de tu imaginaria invocación,
negándome a cerrar los ojos
ante ese, tu pavoroso espejismo,
veo tu boca que en un compás casi perfecto
dibuja en tus bermejos labios
aquello que no quise leer en el ademán de tu mano.   

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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