Canción para un instante sediento

Escribo la partitura de la eternidad,
sin titubeos, sin premura,
deleitándome en los agónicos acordes mortales,
en esa nota que clama compasión
y en la que, apenas silente me inspira
para componer un réquiem de llantos.

¡Ah! Qué mis dedos dibujan en el aire
un pentagrama ficticio pleno de sed,
mis colmillos amenazando desafiantes
aquella garganta miserablemente humana,
no importa cual sonido regurgite su infame boca,
los marfiles se clavan...
la sed se calma. 

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"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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