Resaca vampírica

Ebria de sangre voy
¿Qué no es más negra la noche ahora?
El aire huele a musgo y flores marchitas,
me bostezan los colmillos,
¡Tinieblas infectas de soledad!

Un silencio pasa, dos, tres...
silbo un réquiem,
balada macabra para asesinar el tiempo,
me pregunto:
¿Cuándo habrá de amanecer?
Monotonía vampírica,
levitar arrastrando la pereza
hasta acariciar de mi ataúd el satén,
negro, como ésta noche que nunca acaba;
contaré murciélagos
y confiaré en que llegue el sueño
desde los mismos infiernos
y se trague mi escarlata resaca.

Sólo una sombra

Sólo una sombra,
eso soy,
y dos tristes orificios coagulados
en tu inerte garganta.
Sólo una sombra,
una mariposa nocturna
que vuela entre flores de carne pálida,
que liba sangre
y se posa distraída
en ese rincón donde el silencio duerme,
cual ángel caído
después de una trágica tormenta.

¿Qué voy a hacer contigo?

¿Qué voy a hacer contigo?
Con tu silueta difusa en el espejo
impregnando aromas de olvido,
con tu adiós escrito con premura
en ese viejo papel...que quedó en la mesa.

¿Qué haré con éste funeral melancólico
de despedidas mudas y lágrimas sordas
que caen golpeando el abisal vacío?

Y los cuervos graznan soledades
y el invierno llega con su sombra...

un silencio atraviesa la ventana
y se incrusta en mis agónicos latidos.

Serás la rosa marchita
que queda prisionera
entre las páginas de algún libro,
el finísimo polvo 
que un día el viento sople,
la última hoja
que cae del árbol
a ese estanque helado,
oscuro y sombrío.

La soledad del vampiro

La vida pasa alrededor,
tantos años y el tiempo detenido 
en algún borde cóncavo de la eternidad;
horas muertas en la tierra del silencio.
La bóveda nocturna se incendia en púrpuras
y la soledad silba su melodía macabra...
me desharé de mi camisa ensangrentada,
que un rumor de alas todo lo inunde,
luz de luna eclipsando el fulgor de mis colmillos,
una noche más
en los sombríos senderos
del solitario vampiro.

No oses matar a un vampiro

Extinguida la luz 
¿Cuál es el ocaso del vampiro?

A ti...que osas empuñar el filo miserable
que me desmembre,
que dibujas altanera la mueca en tu faz,
histriónica boca tuya que me grita: ¡Muere!

¿No ven tus ojos nublados
que nada late en mí?
Ya morí... ¡No soy humano!
y no es tu mano quien la vida arrebata,
es mi boca, siempre mi boca
y los colmillos ocultos tras mis labios
los que otorgan o quitan...

Pagarás tu afrenta, tu osadía,
el enojo del vampiro ruge en las tinieblas,
qué toda la ira del averno
desgarre tu carne impía,
tu insolencia a borbotones
llenando de sangre mi copa,
tu espada quebrada,
tu indigna vida en mi boca.
"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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