Amor prohibido, amor eterno

No dejes de tocar ese violín, mi amor,
serenata negra para los que, clandestinos,
ocultamos nuestro extraño latido
en el laberinto infinito de la oscuridad.

Sin corazón y sin alma,
proscritos y escondidos,
atusamos nuestras alas y volamos
más allá de la cima de las montañas
para teñir de rojo el firmamento:
Unir nuestros labios en el enigma sangriento
de un beso prohibido,

Y no claudiques jamás, mi amor,
a la sentencia envenenada de esas tinieblas,
sierpes macabras
que nos condenan a ser renegados
y blasfemar...ante cualquier sospecha de sentimiento.

¡Vida mía! Siniestramente amada,
la eternidad es demasiado larga
y la soledad es la daga,
asesina e imperecedera,
qué, cruel compañera,
se clava cual sombra en nuestra sombra
mientras nos engatusa con su corte de silencios
y su cántico de brumas.

¡Amor mío!
Asesinemos juntos el fantasma de la solitud
y que el silencio sólo se pronuncie
cuando nuestras bocas se unan,
juntos para siempre
en un beso inmortal,
perpetuo y signado
con la sempiterna alianza de nuestra sangre.

Aún nos queda una noche

Mañana descubriremos que aún nos queda una noche,
una última oscuridad en éste destino ennieblado,
una nocturnidad para amarnos,
para abrazar los colmillos
y rozar el nácar de nuestra ártica piel,
para unir los labios
en ese beso sangriento y apasionado,
boca a boca, respirándonos
como si fuera esa la última vez.

Que la tristeza me ahogue

¿Por qué deshojar éstas orquídeas
que crueles anidan en mi corazón?
¿Por qué no dejarme morir?
Soterrarme en el abismo
donde ninguna mano habrá de alcanzarme,
donde la esperanza agonice
y mis ojos puedan diluviar su llanto.

¿Por qué debo arrodillarme
ante las fauces perversas de la noche?
Genuflexión a los fantasmas
de la soledad y el silencio
que irreverentes asoman,
sonriendo ante mis lágrimas.

¿Por qué clamar ante un espejo hueco?
Encender candelas en ésta oscuridad perpetua,
monstruo que devora y arrebata la razón.

Que la melancolía me lleve
y en su naufragio...
ahogar todo aquello que me apresa,
hundirme en el océano del olvido
y nunca resucitar.

Melancolía

La mirada se pierde
a través de esas ventanas oscuras
¿Qué hay más allá de la niebla?

Un silencio cuelga en la rama más alta,
en el árbol más alto... ahorcado.

Jaula de melancolía,
prisión de lágrimas.

Prohibido amar

Yo quisiera:
Que éste pórtico sombrío de tinieblas
nos ampare en lo inalcanzable.
Quisiera negar la indolencia de nuestra alma,
la carencia de latido
y ausencia de corazón.
Renegar del abismo negro
que dentro nuestro
se expande cual macabro universo
y secuestra cualquier atisbo de sentimiento.

Y quisiera amarte más allá de la eternidad,
para siempre,
aunque la implacable luz del sol
nos calcine y nos separe;
para siempre,
al cobijo de la noche y de la sangre,
para siempre...
y besar tu piel cadáver
y en la mortecina blancura de tu cuello,
extraviarme
y que tu beso bese mi beso
y entrelazar los colmillos...

y levitar entre la niebla,
juntos, de la mano
y surcar la bóveda nocturna
e imaginar
que por un instante el tiempo se detiene
y que al unísono latimos.

Yo quisiera,
mas la monstruosidad que nos habita grita,
nos lacera con su pérfido alarido
y nos recuerda,
mi amor,
que somos vampiros
y que amar
no nos está permitido.
"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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