Donde mueren los recuerdos

Habitas en las sombras de mi memoria,
naufragas en mis latidos
a golpe de silencio
y veo, en la inmensa negrura
de éste cuarto abandonado
un adiós gris, mudo,
envuelto en viejas telarañas.

El olvido amanece con premura
a través de las ventanas,
llueven las hojas del tiempo
y te ahogas en ese océano,
ese mar donde mueren los recuerdos.

La luz de tu piel

Clavo mis pupilas sobre tu cuerpo desnudo
deleitándome en la luz de tu piel blanca
y me pregunto:
¿Cuánto tiempo subsistirá el fulgor
que hechizada me tiene,
en tu tez, tu torso de nieve y alba?

Poso mis labios sobre tu piel ávida,
ansiosa de boca que la recorra...
te beso despacio,
centímetro a centímetro
hasta llegar al borde de ese río
que trémulo palpita en tu garganta.
Te beso como si no existiera un mañana
y súbitamente...
los monstruos que estaban aletargados en mi alma
se despiertan y rugen
en insaciable locura.

Mi hermoso humano,
mi bella pálida criatura,
mil avernos aúllan en mi garganta,
mil tinieblas, 
mil ejércitos de sed oscura.

Imposible evitar lo inevitable,
mis colmillos se desbocan
cual indómito corcel...
la sangre mana,
fluye hacia el abismo de mi boca
y tu luz, poco a poco, se apaga.

Tu maldito silencio

Mis besos amanecen y vuelan,
cruzan la interminable distancia,
mis labios siempre envían misivas...

tu boca es tumba,
noche macabra y oscura,
negro desierto,
tétrico páramo.

Tu beso es...
ese extraño silencio
que se aletarga
sobre las convulsas horas,
en el borde de las alas del tiempo...
¡Tu maldita boca muda!

Ámame, barquero de la muerte

Permitid, luminarias del destino,
que el barquero de la muerte se acerque,
permitid a las tinieblas devorar vuestra luz
para que la oscuridad le guíe hacia mi.

Ven Caronte, 
acude a ésta orilla mía de lacrimoso existir
y bésame,
el hielo de tus labíos negros
en la sal de mis heridas,
bocas de funeral y llanto.

Ven, ámame,
surquemos juntos
éste océano de espectros,
vaguemos, almas en pena,
tu mano sobre mi mano;
ven, sé mi mástil macabro,
yo seré tu lánguida vela,
fúnebres amantes
en un fantasmal barco.

Bienvenido al reino de la oscuridad

De mi, sólo recordarás
que fui la dueña de tu silencio
y de las sombras que a bocanadas
devoraban noche a noche,
la sombra de tu cuerpo.

De mi, sólo recordarás
un tacto pausado y lento
caminando por tu piel de raso
hasta rozar con delicadeza
tu frágil cuello.

Y extraviarás de tu memoria
que fui ladrona de tus albas,
asesina de tus futuras mañanas
y libadora de ése enigmático néctar
que carmesí llenaba mi boca
como copa a rebosar.

Olvidarás que me llevé tu vida,
tus rincones de esperanza,
todas tus ilusiones...

y al despertar,
de mi, sólo recordarás
que fui quien trocó tu cadáver
en sempiterno inmortal,
quien te ofrendó su sangre,
quien te dio la bienvenida
al reino de la oscuridad,

"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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