Flores sobre tu tumba

Es esa casa tuya cubierta de oscuridad,
esa morada de lágrimas y silencios
que enclaustrados vagan cual ánimas en pena
sobre tu cuerpo pálido y hueco de vida.

Es esa casa tuya de húmedo parterre y gélido umbral,
de melancolías llena... y ausencia.
Ese hogar de cortejo fúnebre y carruaje bruno
que porta tu ataúd hacia el abismo de la tierra,
ese lugar de soledad y amargura
donde los gusanos retozan hambrientos
sobre tu tez mortecina,
donde las campanas resuenan con eco lacónico
rememorando otra vez la maldita hora,
tu hora de adiós sin retorno,
de oquedad y osamenta,
de flores despidiéndote en tu puerta,
de epitafio tuyo de ti
en esa ventana diminuta 
que tu casa negra y oscura
ofrenda, mientras los que aquí quedaron
te olvidan.

Voy a contar murciélagos

Voy a deshojar vidas,
ensangrentaré mis vestidos
y llenaré mi copa con el escarlata maná
que brote de la vasija de tu garganta.

Voy a contar murciélagos
y estrellas de noche mortecina,
asesinaré minutos con tus lágrimas
y me recrearé en la melodía lánguida
de tus últimos latidos.

Voy a apuñalar soledades
y antes que la muerte te bese,
besaré la calidez de tu boca,
que el frío de mis pérfidos labios
se funda con el frío de tu incipiente cadáver.

Adiós mi amor: Amor vampírico VI

Hoy soñarás tu último sueño,
dormirás en la melancolía de mis pálidas manos,
en la soledad de mis sombras,
en el rubí incendiado de mis labios,
dormirás mecido por el hielo de mi boca
que paciente sabrá aguardar el instante,
la sed jamás secará tu última hora
sin haberte dado la oportunidad de despedirte.
Yo, que tanto te he amado,
no puedo seguir anclada en esa puerta
que abre los interminables laberintos del pasado.

La noche ha hecho mella en mi,
las tinieblas son diablos que gritan
y ya nada tiene sentido.

El hilo infinito que nos unía
murió el día en que alguien se bebió mi vida,
alguien llenó su malediciente copa
con mi sangre y...

Allá donde los vampiros moramos,
allá, en ese lugar de oscuridad y silencio,
¡Mi amor!
No puedes acompañarme,
no debes...
duerme,
duerme tranquilo.

Sombras en el cementerio

Yo recuerdo una vez... en el cementerio,
un entierro, ahí si no encuentro memoria
y no sé quien era el muerto,
recuerdo muchas sombras en pie,
una multitud negándome el paso,
de fondo el párroco con su sermón,
lejano el ruido de la pala echando la tierra,
vosotros, ánimas, muertos,
con vuestra palidez inacabable
y los enmohecidos sudarios,
vuestros dedos de blanco y oxidado hueso
en alto, invitándome al silencio,
pero sobre todas las cosas, recuerdo
la insistencia sobre mis pasos
y ese murmurar silencioso que decía:
Por aquí no...
mientras alguien a mi espalda lloraba
al difunto en su nuevo hogar.

Escondiéndome de ti: Amor vampírico V

Jamás a la medianoche permaneceré,
a la hora en en que el búho ulula su réquiem de muerte
y las campanas anuncian la venida de los muertos,
jamás estaré.

Huyo, porque el pavor hace presa de mi
y cobarde corro desbocado a ocultarme
bajo cualquier altar o cruz,
vela o luminaria,
claustro imposible de atravesar por tu sed atormentada.
Y sin embargo es,
al alba, con la luz de un incendiado amanecer
en que oso, mi hermosa muerta,
aparecer ante la caja de madera que te guarda,
me atrevo a la apertura de tu hogar
y al tacto impredecible de esos terciopelos ocres
y sedas bermellón que acarician la palidez
de tu cuerpo no humano.

Te amo, mi vampírico cadáver,
te amo en silencio y oculto en la luz,
escondido en el alféizar de lo imposible
mientras mis labios mortales
besan la desértica gota de sangre
que aún permanece sola y queda
en la infinitud de tu roja boca.

Soy, mi bella sangrienta,
ladrón de tus días
y sé que no tardará en llegar
la noche...en que me alcances.
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